Muchas veces es triste reír por no llorar. Más triste llorar cuando se puede uno partir en dos de risa, la verdad. Será que estoy de vuelta y media de tantas cosas del circo politiquero, donde los payasos no hacen ninguna gracia pero tienen el monopolio de la política, y las nobles fieras están amordazadas por ser políticamente incorrectas.
Me refiero a llorar, pudiendo uno reír, ante el espectáculo tan cutre y marginal que tanto separatistas como separadores están montando alrededor de la fecha del 13 de Diciembre, domingo en el que 160 municipios catalanes van a ver en algún lugar de su geografía – desde un ayuntamiento hasta un “glamouroso” bar grasiento – un referéndum con la siguiente pregunta: “¿Está usted de acuerdo con que Cataluña se convierta en un Estado de Derecho independiente, democrático y social integrado en la Unión Europea?”.
Esto ocurrirá tras el experimento ridículo en Arenys de Munt, el pasado día 13 de Septiembre, en el que una turba de independentistas de todo pelaje – de todo, todo – se masturbaban políticamente – la mayoría de este modo – ante la aplastante victoria del “SÍ” en un referéndum planteado con esta pregunta que he expuesto. Ante este hecho, tanto Gobierno como principal oposición se declararon en contra de tal acto, cada uno a su manera, aunque simplemente para echarse los trastos encima mutuamente, no para que reinara la sensatez en este país.
Es curioso ver cómo este circo alienta a los payasos más casposos de nuestra geografía. Tanto por un lado, los separatistas, como por el otro, los separadores. Entre otros motivos, en especial de índole económica – ¿recordamos que fue la burguesía capitalista catalana del siglo XIX la que empezó con la idea independentista? – existen independentistas porque existen los que quieren una España hermética, sin atender a la existencia enriquecedora de diversas identidades dentro de ella, como la catalana, la vasca, la gallega, la asturiana… Son dos extremos de un eje nauseabundo que para nada concuerda con la histórica solidaridad y respeto que los pueblos que residimos en España hemos demostrado a lo largo de nuestras vidas, desde las invasiones romanas, pasando por los reinos medievales, hasta los poetas de la Generación del 27.
Hablemos de los independentistas. Los que aullaban de placer ante un 96% de “SÍ” en el referéndum independentista de Arenys de Munt . Lo que tenía que ser una demostración de fuerza para el independentismo catalán, para la autodeterminación y para el “reconocimiento” de la nación catalana, en realidad ha sido una demostración de lo que ya sabíamos que pasa políticamente en Arenys de Munt, no ningún descubrimiento nuevo. Vamos con los datos: sólo votaron en este referéndum 2671 ciudadanos, lo que viene siendo un 41,01% de la población llamada a votar, menos de la mitad de los ciudadanos que pueden votar, unos 6500 aproximadamente. Es decir: el resultado del referéndum no representa a la mayoría de habitantes con edad y derecho a voto en Arenys de Munt, porque no se llega al 50% más un votos.
Por otro lado, observemos los resultados electorales de las elecciones municipales de 2007 – 58,13% de participación -, observamos que el mapa político en ese Ayuntamiento queda así: Arenys de Munt 2000-EPM, 871 votos; ERC, 744; CiU, 651; PSC, 430; CUP, 329; FIC-Amics per Arenys de Munt, 161; PP, 50. Sumando los votos de ERC y CUP, declarados independentistas; los de parte de CiU, que en los pueblos suele ser más independentista que a nivel parlamentario; los de una ínfima parte del PSC, que le pasa lo mismo que a CiU pero en menor medida; y los de parte de los dos partidos locales, entre los que se encuentran independentistas como los mismos miembros del gobierno municipal y votantes, podemos encontrar los 2569 votos que han sido “SÍ” a la independencia de Catalunya. Ahora faltaría ver todos los votos que hubieran votado “NO” de ese casi 60% que no fue a votar, más gente incluso que la que fue a votar en las pasadas elecciones municipales, y la cosa cambia y mucho. Con estos datos en la mano se demuestra que el votante independentista asiste religiosamente a las elecciones y referéndums votando opciones independentistas, mientras que una grandiosa parte del tipo de votante no-independentista, que el tema este le parece una suprema chorrada, ni sale de casa para las elecciones, porque seguramente está harto de la clase política dirigente, ni se va a mover un domingo de descanso para votar en un referéndum que, aunque avalado por el Ayuntamiento, ni le va, ni le viene. Además, si no había fútbol, era verano, y mejor estar en la sombrita que dando alas a los mamelucos gritones.
Vamos, que los indepes van a votar sí, siempre, por sus ideas independentistas, pero los no-indepes o votan a partidos de ámbito nacional, o regional, o local, no-independentistas, pero eso si salen de casa. La abstención en este tipo de elecciones locales y de referéndums marca exactamente a cuánta gente le importa un rábano el tema, y cuánta gente es una fanática convencida. Si no eres un fanático convencido, no vas a votar por la independencia: o votas “NO”, o ni te asomas a la urna. Y esto es lo que les deshace el sueño independentista a los que lo venden como una victoria total frente al “yugo” español.
Así queda desmontada la histeria de menos de la mitad de la población de Arenys de Munt, y al caer, de menos de una quinta parte de los votantes en las pasadas elecciones autonómicas al Parlament de Catalunya del año 2006 , en las que si sumamos, a lo loco incluso, los votos de CiU, ERC, IC-V y otros pequeños partidos, el independentismo sólo acaricia el millón y medio de votantes, de un censo de más de cinco millones y medio. Vamos, que ni volviéndose locos completamente los partids grandes, ni así, la independencia sería la opción más votada a nivel catalán.
Otra reflexión que me surge es respecto a la pregunta. Me preguntan si quiero ser un Estado independiente… dentro de la Unión Europea. ¿Y si no quiero estar en la UE? ¿Y si no me gusta el proyecto de la UE, o su actual gestión? ¿Y si me considero más “africano” que europeo, sólo por tocar las narices? Pues nada, que cada grupete de indepes monte su asamblea y discuta inútilmente qué pregunta se aviene más a la realidad. Puestos a preguntar, que hagan tres referéndums: 1) ¿Independencia sí, o no?; 2) ¿En la UE sí, o no?; 3) ¿Referéndum sobre el referéndum sí, o no? A mi, desde luego, me interesaría más saber a qué huelen las nubes, como el anuncio.
Y otra: si somos una Catalunya independiente… que firme el primero que diga que la corrupción política va a terminar. Que no existirán nuevos Félix Millet chorizando dinero público del Palau de la Música. Ni nuevos alcaldes de Santa Coloma corruptos. Ni más estudios oficiales de la Generalitat de más de millón y medio de euros dedicados a estudios de fauna, flora o hábitos ¿sociales? sin importancia alguna. Ni más impuestos abusivos en las autopistas, pagadas y re-pagadas hace años, parquímetros e impuestos inmuebles varios. Que tampoco exista el paro, ni la inseguridad ciudadana, ni el fracaso escolar, ni las crisis cíclicas de la economía, ni estafas y usuras bancarias, ni… Si todo eso es posible con una Catalunya independiente, ¿quién no lo va a querer? Ah, ya… que Lourdes está saturado de buenos deseos. Y el infierno de grandes sueños, y también de pequeñeces.
Luego está el otro extremo. Aquel extremo del que poco se habla, porque hace menos ruido normalmente, pero cuando lo hace lo único que hace es insuflar oxígeno al desgraciado globo separatista. Hablo de los separadores, de aquellos que no entienden que España no es solo Madrid, ni que España no es solo Castilla, si no que somos identidades, pueblos, unidos por muchos, muchos lazos. Hablo de aquellos personajes que rondan tanto partidos demócratas y poderosos como PP, y de los que también están en el PSOE, porque el ser separador no es patrimonio de la derecha. Hablo también de aquellos que se escandalizan furiosamente cuando un no-separatista reivindica su bandera regional, coincida o no con la que le impone su Comunidad Autónoma, o reivindica su lengua materna, la que ha mamado en la calle y en casa, pero que no coincide con el castellano, ni quiere enterrar a este. No hace falta ser de derechas, ni “facha”, ni mucho menos fascista – desde luego que no… – para ser un vil separador de compatriotas. Esta gente son los separadores porque creen que hablar, pensar, sentir y vivir en un idioma o cultura “de la periferia de España” es una afrenta a la nación española. La pregunta es: ¿qué cultura española? ¡Si la cultura española la forman cada una de esas identidades “periféricas” o no de los pueblos de España! ¡Y lo que la hace tan grande histórica y culturalmente es precisamente esto! Cuando un patriota español te lo dice en catalán, muy seguro que entiende muy bien lo que es España y lo que es Catalunya, o poco le queda para entenderlo. Es parte del “misterio” o de la gracia de vivir en esta tierra en la que vivimos, que ha dado grandes momentos a la Historia y otros no tan buenos, pero siempre hemos estado en ella como protagonistas y no como extras.
No hace falta “hablar catalán en la intimidad”, como decía Ánsar, para mostrar que respetas la diversidad cultural de España. Tampoco hace falta esconder la bandera rojigualda para decir que eres identitario. Sólo hace falta amar a la patria carnal de cada uno, sea la que sea dentro de España, porque quererla es querer también a una patria mayor como lo es España, y sin tener que ruborizarse, sin tener que correr delante o detrás de nada, ni taparse. Para mí, como tantísimos compatriotas míos, ser catalán es una forma más de ser español y europeo, con toda la honra. Me siento identificado con estas tres patrias, y defender una de estas banderas es hacerlo de las otras dos. Por eso luzco con orgullo mi senyera, cuatro barras de sangre sobre un fondo de oro, y no me será necesario apuntillar siempre que no soy independentista. Amo a mi identidad, amo a mis tierras, por encima de banderas y de los que le cuelgan adornos a ver si es más de un extremo que de otro.
Tranquilos histéricos de uno u otro lado del eje de extremos, de indepes y de separadores. Tras el día 13-D, en el que 160 municipios catalanes, con o sin consentimiento o aval del Ayuntamiento local, celebren el esperado referéndum, probablemente veremos que se repiten resultados similares a los de Arenys de Munt. ¿Y qué significará todo esto? Tanto a nivel simbólico, como legal, puesto que tales referéndums no son para nada vinculantes hacia ninguna institución pública ni privada, Catalunya amanecerá el día 14 siendo igualmente tan española como el día 13. Le pese a quien le pese: a unos por insolidarios, a otros por desear el enfrentamiento.
En todo este circo de la política, y aunque no tengan ninguna gracia los payasos, las nobles fieras iremos riendo de todo porque aprendemos a entender, sopesar y analizar las situaciones, los pueblos y las personas. Sólo lloraremos cuando todo esté perdido. Pero… ¿las nobles fieras de este lado de lo políticamente incorrecto podemos rendirnos de algo? Entonces no lloraremos: seguiremos viviendo y combatiendo por nuestras identidades, lenguas, pueblos riendo y con alegría.
Jordi de la Fuente
Sec. Nac. de Acción Política del Movimiento Social Republicano

Nota de Castilla Unida: El problema, estimado Jordi, es que Castilla sigue sin reconocerse como identidad particular dentro de España y ante la ausencia de esa identidad, el castellano toma para sí mismo a una totalidad española de la que por instinto excluye al resto. Además esto es lo que se le enseña desde que nace, a ser “genuinamente” español o español con pedrigrí frente a asturianos, catalanes o gallegos.